Mi sonrisa se mantuvo en su lugar, pero internamente estaba hirviendo. Valeria retiró su mano de mi cabeza lentamente, como si disfrutara prolongando el contacto solo para mostrar su supuesto control. Pero yo no iba a darle el placer de verme perder la compostura. Sabía que lo que más le dolía a alguien como ella era no obtener la reacción que buscaba.
—Claro que sí, Val —respondí con una dulzura falsa—, solo quiero ser una buena amiga.
Valeria me miró con una mezcla de incredulidad y diversión,