Adri
—Hola.
—Hola, tú —Gabriel, mi novio, sonrió mientras me abrazaba—. Qué sorpresa.
—Lo sé. Te extrañaba, así que volé a casa esta mañana solo para pasar la noche contigo.
—Entra.
No pude dormir anoche.
Estaba preocupada por mis sentimientos y no podía dejar de pensar en el estúpido Diego Morales. Me levanté y fui directo al aeropuerto para tomar el vuelo.
Miré alrededor del pequeño estudio de Gabriel, los cartones de pizza vacíos y los vasos sucios tirados por todos lados.
—¿Qué has estado h