Adri
—Oh… —balbuceé, nerviosa—. Solo… nos encontramos por ahí, eso es todo.
Diego levantó una ceja, claramente poco impresionado.
—Oh, no seas tímida, Rojas. Nos llevamos de maravilla —dijo Óscar, el imbécil.
Sentí cómo se me drenaba la sangre del rostro. Solo cállate, por favor.
Me giré hacia Diego, esperando cambiar de tema.
—¿Quería verme, señor?
—Sí. —Sus ojos flotaron hacia Óscar—. Quiero saber qué pistas tienes, señor Peters.
—Llámame Óscar —dijo él.
Diego lo fulminó con la mirada, pero p