Adri
Era increíble lo que un fin de semana y unas horas de sueño podían hacer por una chica. El lunes entré al edificio caminando como la mujer más poderosa del mundo.
—Buenos días —dije, y el guardia de seguridad me sonrió al pasar por el detector.
—Buenos días —me respondió él.
—Qué día tan bonito, ¿no?
—Sí que lo es —guiñó un ojo mientras yo seguía de largo. Que le den a Diego Morales.
¿Y qué? Tuvimos sexo. ¿Y qué? Estuvo bien. Pero adivina qué… no me importaba.
No iba a permitir que él opac