Adri
—Hola.
—Hola, Adriana, habla Violeta. El señor Morales quiere verte en su despacho, por favor.
Fruncí el ceño. —¿Ahora?
—Sí, por favor.
—Está bien. Voy para allá.
Diez minutos después, llamé a la puerta de Diego.
—Adelante —dijo.
Entré y lo encontré sentado tras su enorme escritorio. Su rostro se iluminó con una sonrisa provocativa al cruzar nuestras miradas.
—Hola.
Un cosquilleo nervioso me recorrió el estómago. —Hola.
—¿Has tenido un buen día? —preguntó, y en cámara lenta lo observ