EN NOCTHAR...
Daerion Verthar reposaba en su trono como un depredador paciente, sin necesidad de moverse para imponer respeto, ni de alzar la voz para ser escuchado. Aquel asiento de obsidiana y marfil ennegrecido, con los relieves antiguos de bestias extinguidas y glifos olvidados, parecía forjado no sólo para un hombre, sino para un espíritu implacable, heredero de los despojos de la guerra y la voluntad de siglos de ambición.
El salón era amplio, oscuro y frío; los ventanales altos permitía