El amanecer del segundo día trajo consigo el sonido que todos habían estado esperando. Por el aire viajaba rápidamente el sonido de aullidos. No de alarma, sino de victoria.
Artemis estaba con su sobrino Thosam en el gran balcón del castillo, habiendo pasado otra noche sin dormir, cuando el primer aullido resonó a través del bosque. Su corazón saltó y Scarlet se revolvió dentro de ella, reconociendo las voces.
—Están vivos, tía. —Dijo Thosam, eufórico abrazando a Artemis. Aprovechando que el gr