El silencio que siguió fue ensordecedor. Algunos cazadores bajaron sus arcos, sus rostros llenos de dudas, pero Falco mantuvo su postura. Su mirada fría encontró la de Zaira, y con un tono cargado de veneno, respondió:
—Esto no ha terminado.
Ordenó la retirada, pero no antes de lanzar una última advertencia:
—Nos veremos pronto, Zaira. Y entonces, no habrá salvación para ti ni para tus preciados Nevri.
Mientras los cazadores se retiraban, Zaira ayudó a Salomón a levantarse. Su cuerpo estaba cub