La noche se extendía como un manto infinito, con la carretera desierta serpenteando bajo un cielo que parecía demasiado oscuro incluso para las estrellas. Solo el murmullo del viento, mezclado con el eco de los disparos recientes, rompía el silencio. El aire estaba impregnado de un frío helado que calaba hasta los huesos, como si la misma naturaleza se hubiera detenido para observar el desenlace de los eventos.
Dentro del coche, el motor rugía mientras Aisha conducía a toda velocidad. Su mirada