El miedo invadió a Aisha, y guardó silencio. Algo que Varek intuyó al instante.
—Basta, Sanathiel —dijo Varek, interrumpiendo la tensión—. No es momento de sermones.
La puerta de la cabaña se abrió de golpe, aunque no había nadie afuera. Sanathiel fulminó a Varek con la mirada, y por un instante, pareció que ambos se enfrentarían en una lucha titánica. Pero entonces, Aisha alzó la voz.
—¡Basta los dos! —Su voz resonó en el bosque, silenciando incluso el susurro del viento entre las ramas. Avanz