La luz mortecina de una lámpara de aceite iluminaba los documentos esparcidos sobre el escritorio. Lionel trazaba el nombre "Aisha" con la punta de un cuchillo ceremonial, hundiéndolo en la madera como si fuera carne. La hoja seguía cada letra con precisión cruel, dejando surcos profundos que sangraban astillas. Detrás de él, el retrato de Sanathiel observaba con ojos pintados de oro, su medallón lunar brillando falsamente bajo la capa de polvo.
—Prepárate, hermano —susurró, clavando el cuchillo