La sombra finalmente tomó forma. Un hombre de belleza antinatural cargaba el cuerpo inerte del lobo blanco sobre su hombro. Bajo la luna llena, el polvo que caía de su cabello no era arena, sino huesos molidos de sus antiguos seguidores, brillando con un resplandor fantasmal.
Un auto verde se detuvo frente a ellos. En el asiento trasero, junto a una daga negra grabada con "Sanguis Sanathiel Vincit", reposaba el cofre dorado. Sus relieves coincidían exactamente con las marcas del medallón de Aish