La noche descendía con una intensidad que parecía cargar el aire de presagios. La luna roja, grande y dominante, ascendía sobre el horizonte como un ojo que todo lo ve, bañando el internado en un resplandor carmesí. Cada rincón parecía respirar peligro.
Aisha cruzó la valla del internado con movimientos rápidos, evitando las miradas curiosas. Su mente giraba en torno al amuleto que Falco le había entregado. Había intentado buscar respuestas, pero lo único que había encontrado era frustración y