68. EL LLAMADO DE LOS LOBOS
Los primeros rayos del sol se cuelan por la ventana cuando salgo de la habitación de Lyra en la clínica. Sigue igual. Estable, dicen los doctores, como si eso fuera suficiente. Pero nadie puede decirme cuándo despertará. O siquiera si lo hará.
Antes de salir, beso su mano con cuidado y acomodo uno de los mechones rebeldes de su cabello. Su piel sigue cálida, su aroma intacto. La amo. La extraño en cada palabra que no dice, en cada sonrisa que no me regala.
Quisiera quedarme. Pero no puedo. Hay c