67. LOBOS ROTOS
Me alejé de la habitación sin mirar atrás.
Cada paso que daba por los pasillos del ala médica resonaba con el eco de la impotencia. No me gustaba alejarme de ella, pero sabía que en ese momento no podía hacer más. Ya había gritado su nombre. Ya había suplicado en silencio. Ahora... solo quedaba esperar.
Mis botas resonaban con un ritmo grave cuando tomé el camino hacia la morgue. Allí no solo reposaban los cuerpos destrozados de mis hombres caídos, sino también los restos del enemigo. La muerte