52. PELEA DE ALFAS
ALFA CADE
Cuando regresé a la habitación, ya había pasado tanto tiempo que encontré a Lyra profundamente dormida. Me detuve a observarla. Cada curva de su cuerpo, cada suave respiración, era un fuego lento que amenazaba con devorar mi autocontrol. Aunque el aire acondicionado rugía al máximo, yo ardía por dentro.
Costó trabajo obligarme a acostarme a su lado sin tocarla. El deseo me quemaba las venas, y no suelo reprimirlo, pero con ella no puedo precipitarme. Si me muestro ansioso, su loba me