15. TUYA
—Irina —la voz del niño la llamaba con insistencia—. Irina, dame agua —de nuevo parecía estar hablando solo —¡IRINA! —al fin gritó, y cansado de no ser escuchado.
—Alek, lo siento —Irina se sonrojo y apretó sus manos que estaban sobre sus rodillas, fue a la cocina y le llevo el vaso con agua tan deseado por el pequeño.
—¿Qué pasa? —pregunto tan perspicaz como era él y ella solo pudo suspirar y darle una tierna sonrisa.
—No mucho, vamos, termina de almorzar que debes hacer una siesta.
Irina mord