14. FUEGO
—¿Estás bien? —Eriks tenía su pecho sobre la espalda de Irina, su respiración era irracional, los ojos de Irina lagrimeaban levemente y las manos de la rubia estaban aferradas a la sabana.
Ella no pudo responder, solo afirmo con la cabeza.
—Creo que es mejor que...
—No —logró balbucear casi de manera incoherente—, terminemos.
Eriks se mordió los labios, sonrío y esa pequeña palabra que parecía tan insignificante le produjo un electrizante movimiento en su miembro que estaba dentro de las carnes