13. LEALTAD
El calor que sentía Irina esa mañana era acogedor y lo estaba aceptando porque nunca se había sentido así.
—Hola —el susurró de Eriks la hizo abrir los ojos y recordarlo todo de repente.
Jasha y Dasha, los disparos, la humillación, la rabia, el grito y la huida.
—¿Cómo te sientes? —le pregunto suavemente.
—Sorprendido.
—Hablo de tu brazo —aclaró riendo.
—He estado mejor.
—Lo siento, fue mi culpa.
—No lo fue, era el momento y el lugar incorrecto y yo lo sabía.
—¿Cómo puedes seguir defendiendo a