122. SIN MASHA
El hombre tenía la mano levantada en el aire indicándole a sus hombres que no atacaran, caminaba apoyado de otro hombre y la palidez era casi deprimente y también preocupante.
—Nunca bajes la guardia. No importa que tan cansada estés —Masha suspiró aliviada, la voz de su padre la tranquilizo. Pero también la preocupo, sabía que su error le traería un ligero castigo.
La pequeña Masha se relajo y abrazó a su padre, metió su rostro de lleno en el pecho de un Jasha que aunque tenía canas seguía sie