121. ¡VAMOS, MASHA!
La rubia estaba completamente ensimismada mirando por la ventana del auto, desde ese punto podía divisar las primeras edificaciones de la ciudad de Nápoles y parecía que los días pasados solo eran un recuerdo de un evento que nunca paso.
—¡¿Qué?! —el conductor pregunto disminuyendo la velocidad del auto con brusquedad, ganándose la atención de Masha—. ¿Estás seguro? Estoy a pocos metros de... Ok, ok, de acuerdo.
El hombre parecía más bien resignado, torció los ojos visiblemente incomodo y busco