119. LA VIDA QUE NO PODEMOS VIVIR
Lev se quedo completamente quieto, el hombre no encendió la luz por respeto a su hija y porque de hacerlo, iba a matar al chico.
—S-señor —la voz de Lev sonó más alta de lo que quería, pero era inevitable para el que su tono fuese autoritario, eso venía en su sangre.
—Vístete —dijo el hombre con soberbia y sudor frío recorriendo su frente, algo que Stacy y Lev no sabían.
—Pa... Papito —dijo con miedo y terror, sabía que su padre había confiando en ella y ella definitivamente había cometido u