95. Ella es un monstruo
Cuando termina se aleja para admirar lo que ha hecho con una sonrisa retorcida en el rostro, la navaja y buena parte de sus manos están manchadas por el carmín brillante de la sangre, mi sangre.
Siento los rios de sangre en mis costillas que terminaban en el colchón sucio.
— No te metas conmigo...
Isa se aleja de la cama, va al pequeño mueble que está en la esquina delantera, saca unos frascos y se acerca a donde estoy, al destapar uno el aroma a alcohol no tarda en llegar a mi nariz.
— De