96. Más oscuridad que luz
Despierto, con el peso de un cuerpo contra el mío, no abro los ojos, no quiero hacerlo no tengo fuerzas para ello, una lengua cálida recorre lo largo de mi cuello, unas manos me sujetan la cintura, pero... esas manos son considerablemente pequeñas y la piel es tersa, no áspera como las manos de un hombre.
Esto no está bien, unos labios suaves se posan en los míos y la piel de otro pecho abultado roza el mío, abro los ojos de golpe, Isa está desnuda arriba de mí.
— ¿¡Qué mierda te pasa?! ¡Bája