Rous estaba en ese momento sellando algo más grande que un acuerdo, ella estaba sellando una sociedad sin nombre, no escrita, pero irrevocable. Y que podría repercutir en el futuro de cualquiera.
El Ruso le entregó una cuantiosa cantidad de dinero por el compromiso de dejarlo entrar cuando las puertas de esa empresa se abrieran, cuando las puertas hacia el modelo de negocio se encontrarán a su disposición. Rous recibió cada centavo con la mirada puesta en aquella mansión, ella recordó que vivió