La cena entre los tres y unas copas mas acabó sin inconvenientes, sospechas o altercados que complicaran la relación. Aun así, Rous estaba plenamente convencida que Milán no dejaba de desearla, de amarla que era aún peor.
El plan trazado por Rous estaba provocando que su confianza creciera y se fortaleciera conforme las circunstancias continuaran favoreciéndola. Con un Caleb comprometido a forjar su empresa y meditar sobre la propuesta de Rous, con un Milán en la bolsa de su vestido y un Ruso dispuesto a pagar lo justo por el almacenaje y distribución, era todo lo que ella ahora estaba definiendo como un sueño perfecto.
La manipulación de Rous era su arma letal, era esa daga que atravesaba invisiblemente a sus víctimas. Rous del futuro era la mujer que posiblemente no debía existir, aun así, el destino era caprichoso y permitía que Rous manejara sus piezas a su antojo y sin consecuencias.
Esa noche mas tarde, Caleb llegando al departamento y creyendo tener mas confianza con esa mujer.