Y entonces, todo estalló en una ráfaga de luz blanca, tan intensa que el aire pareció quebrarse en mil fragmentos.
El sonido se desvaneció. No hubo más que un silencio vibrante, denso, casi vivo, como si el universo contuviera la respiración.
Caleb sintió el golpe en el pecho antes de entender lo que sucedía. Un zumbido agudo se apoderó de su cabeza y, en un acto reflejo, cayó de rodillas sobre el suelo frío del departamento.
Sus manos se aferraron a su rostro, intentando protegerse de una fuer