El silencio del departamento era casi insoportable. Caleb estaba de pie junto a la ventana, sin moverse, observando la calle vacía como si esperara que algo o alguien se disolviera en la oscuridad. Las luces de la ciudad parpadeaban a lo lejos, pero nada podía iluminar el vacío que sentía en el pecho.
Había esperado. Había esperado con la absurda esperanza de que Rous no subiera en ese auto, que no se marchara con aquel hombre de traje impecable. Que todo lo que había escuchado, todo lo que hab