Milán se acercó un poco más hacia la luz, el sonido de la mesa resonando suave sobre el mármol. Su voz, grave y envolvente, tenía esa cadencia que antes la hacía dudar, que le hacía pensar que podría haber sido alguien más en su vida. —¿Qué ocurre, Rous? —preguntó, con un gesto casi imperceptible de desconcierto—. No me mires así, como si no me reconocieras… como si fuera un extraño.
Ella tragó saliva, los labios entreabiertos, sin saber qué responder. El lugar ¡Un salón privado de un restauran