El aire entre ambos era pesado, denso, fatal. La incertidumbre en Milán sobre revelar ese secreto que se había jurado guardar hasta la tumba y el deseo incontrolable de Caleb de que le revelaran la verdad, esa verdad que flotaba entre sombras y recuerdos que dolían en la piel de Caleb.
Milán intentaba esquivar cualquier pregunta, cualquier dardo que Caleb le lanzara al tablero. —Cuéntame algo, Caleb. —pronunció en voz baja y sin la mirada puesta en el—. ¿Por qué mencionas que ella no es la mism