Caleb sintió angustia, desesperación y un arranque de colera contenida sin saber cómo accionar, como actuar para defender o intentar ayudar a esa mujer que le mostró el verdadero camino de la dignidad y el amor incondicional.
—Necesito que me cuentes todo lo que sepas, Milán. —soltó como una bomba a punto de explotar—. ¡No puedo permitir que la utilicen como un instrumento!
Milán había experimentado el mismo sentimiento, solo que Milán sentía la culpa correr por su cuerpo. el arrepentimiento de no haber confesado lo sucedido en ese momento del viaje.
—Eso es a lo que me refiero, Caleb. no podríamos intervenir en ese pasado. ¡No nos compete! eso podría alterar nuestro presente. —aseveró Milán con la boca llena de razón.
Caleb sintió la impotencia correr por su cuerpo. Nunca se había sentido tan impotente como en ese instante, el amor que brotó hacia la Rous del pasado lo hizo sentirse comprometido a salvar su vida, a salvar su existencia.
Caleb, le preguntó a Milán algo que no