Perla llegó al departamento de Milán con el pulso acelerado y la mandíbula tensa. El ascensor aún no terminaba de cerrarse cuando ya estaba pensando en Caleb, en su silencio, en esa forma de desaparecer sin dar explicaciones que siempre anunciaba desastre. Tocó la puerta una sola vez, firme. No hubo respuesta inmediata. Un instante después uno de los guardias de Caleb abrió la puerta y la dejó pasar.
Chelsea estaba dentro, revisando la habitación como quien busca algo que no sabe si quiere enco