El silencio entre ellos no era cómodo. Nunca lo había sido. En esa habitación del futuro, con las cortinas apenas dejando pasar la luz de una ciudad que seguía viva sin ellos, Rous sintió el peso de todas las versiones de sí misma chocando al mismo tiempo. El cuerpo que habitaba era el suyo, sí, pero no del todo. Era su rostro, sus manos, su voz… pero la memoria que latía detrás de los ojos no correspondía a ese presente.
Caleb la observaba desde el otro lado de la cama. Ya no había prisa en él