—Eso lo diría alguien que pertenece a ese mundo de la mafia. —gritó Rous con lágrimas invadiendo su mirada—. Tocarte e ignorarme te dio igual, tu presencia en este lugar solo es un fantasma que no siente y que simplemente tu corazón desapareció. ¡No sé desde cuando te perdí, Caleb! ¡Te amaba! Ahora ya no sé qué puedo sentir por ti.
Caleb no supo que responder. La evitó. Evitó su mirada, su voz. ¡Su presencia! Solo suspiró como soltando un sentimiento, como dejando salir eso que le atoraba el corazón. Caleb dejó que el amor por Rous se desprendiera definitivamente.
—¿A dónde vas? —le preguntó entre gritos y con el alma desesperada.
—A cualquier parte lejos de ti, Rous. —respondió sin voltear su mirada hacia ella—. ¡Esto se acabó!
—Tienes razón. —dijo ella tras alcanzarlo y tomarlo del brazo—. Tu amor dejó de serlo cuando el trabajo se convirtió en tu nuevo amor, me canse de mendigarte amor y recibir tu amor a media. ¡A medio vaso!
—solo deseaba tu paz, tu tranquilidad. ¡Tu felicidad a