El bosque

POV LORIEL

No sé cuánto tiempo llevo corriendo, solo sé que estoy muy lejos. Ni bien tuve la oportunidad, me metí a uno de los bosques del reino; uno de los que vagamente recordaba de mi niñez. Mi madre solía darme paseos por este bosque; me decía que era mágico y que confiara en lo que sea que hubiese aquí, así que no sentía mucho miedo, ya que, si lo había dicho, era por algo.

Cuando me encuentro a salvo, dejo de correr y me dedico a caminar en busca de un lugar en el cual pasar la noche.

Solo llego a un río, en el cual puedo ver mi reflejo, y en ese momento entiendo porque el hombre me había llamado bufón, pero poco me importaba su comentario en este momento.

Me dejo caer a un lado del río y después, solo me echo. Estaba muy cansada. Tanto era el agotamiento que por un momento había llegado a olvidar por lo que estaba pasando. Había sido desterrada de mi hogar, mi padre ya no me reconocía como su hija, fui el hazmerreír del baile y Williams... Williams me había abandonado también.

Siento unas lágrimas caer de pronto, pero me las seco tan rápido como puedo. No me gustaba llorar, aunque a veces se me hacía tarea imposible. 

-Mamá, no sé qué hacer -susurro al tomar el extraño collar que me había dejado.

Su dije era especial; era como una esfera de cristal que brillaba muchísimo por las noches. Nadie sabía de él; solo yo. Incluso me pidió que jamás se lo mostrara a papá y así lo hice, aunque me sintiera mal por él.

Lo miro y luego, me dirijo al río para lavarme la cara y los pies. Termino con ello y me pongo a jugar con el agua hasta que siento mi barriga crujir de hambre. 

-Lo siento, pero esta noche no habrá comida. Sin embargo, te prometo que mañana sí, así que, por favor, no protestes -pido al volver a echarme para dormir.

Hacía un poco de frío, así que hago una pequeña fogata. Estoy tranquila a la luz del fuego cuando de pronto, escucho algo y eso me alerta. Me levanto rápidamente y decido esconderme detrás de unos arbustos.

Siento un presencia extraña, como si alguien me observara. Me quedo en silencio por mucho rato hasta que de pronto, siento a alguien tomar uno de mis hombros. Me espanto terriblemente y comienzo a correr sin dudarlo.

-Mi cofre -recuerdo al tiempo en que me debato en volver, pero escuchar que alguien más me venía persiguiendo, me hace desistir de aquella idea.

Corro y corro con todas mis fuerzas hasta que, sin darme cuenta, tropiezo con la enorme raíz de uno de los gigantescos árboles que crecían en este bosque. Al caer, siento un fuerte dolor en mi tobillo; sin embargo, trato de arrastrarme, aunque sea, para no ser alcanzada, pero es en vano. 

Siento cómo dos manos detienen mis piernas y me inmoviliza. Ante ello, empiezo a tirar puños al aire cuando de repente, siento una enorme mano juntar y sostener mis muñecas. Trata de moverme, pero no lo logro; la fuerza de la persona que me había capturado era mucha. 

-Si te sigues moviendo, te lastimarás mucho más -escucho una seria voz-. No te haré daño si prometes no salir corriendo.

-¿Y quién me asegura eso?

-Creo que no tienes otra alternativa que confiar -precisa.

No podía verlo claramente, solo se veía como una enorme sombra negra, pero podía distinguir que era un hombre, un hombre bastante alto y fuerte.

-Tu tobillo está muy lastimado. Necesitarás de cuidados especiales.

-Solo déjeme ir; no necesito de cuidados.

-No puedo hacer eso -contesta, nuevamente, muy serio, pero sereno.

-Por favor, se lo suplico, solo déjeme ir.

-No, no puedo -recalca otra vez- y, por favor, deja de moverte que te lastimarás mucho más.

-Yo sé cómo curarme. Déjeme ir.

-No puedo.

-¿Por qué?

-Este es uno de mis bosques, a los cuales nadie puede entrar, a menos que yo se lo permita.

-Me lastimarás.

-No, no lo haré. No sé qué haces aquí, pero es un tema que solucionaremos después. Primero, debo llevar a que te curen. ¿Puedo soltar tus manos y estar seguro de que no saldrás corriendo?

-Está bien -susurro no muy segura al mirarlo con atención.

Él seguía con su mirada fija a mi pie adolorido, su largo cabello cubría parte de su rostro y no me dejaba verlo con total claridad; además, era de noche, lo cual hacía aún más difícil la tarea.

-Te llevaré con Thomas -concluye igual de serio; y de repente, me alza en brazos.

-¡no! Espera por favor, debo recoger mi cofre. 

-Está bien, yo lo traeré -responde sereno y se da la vuelta para regresar a donde estaba antes.

Realmente, era un tipo muy alto y fuerte.

"Me pregunto por qué me ayudará", digo en silencio al ver que volvía más rápido de lo que imaginaba.

De repente, lo veo de frente, ya su cabello no le cubría el rostro y una tenue luz lo alumbraba. Cuando lo veo, no lo pienso dos veces y trato de huir aterrorizada. Doy unos cuántos pasos cuando siento un dolor mucho más fuerte en mi tobillo.

Lo veo acercarse a mí y forcejeo con él. De repente, siento mi cabeza golpear con el tronco de un árbol y luego de ello, no recuerdo más.u

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