2 Phillip

Pasaron muchos días y él no venía. Los días con Thomas no fueron tan malos como lo pensaba. De hecho, fueron los mejores, después de mucho tiempo. Aprendí mucho de él sobre medicina, también aprendí a tejer un poco y a cocinar. Thomas sabía hacer muchísimas cosas, las cuales me llevaría una vida aprender. Incluso tocaba bien la flauta y era muy bueno arreglando cosas; era un hombre increíble y le había tomado mucho cariño.

Nos encontrábamos horneando el pan cuando escuchamos caballos fuera de la casa. Él sale a ver y yo miro discretamente por la ventana. Era él; era Phillip; ya había llegado. Por alguna razón eso me hacía sentir nerviosa y un poco temerosa. 

Se baja del caballo y veo que pretende entrar, pero por algún motivo, Thomas se lo impide.

-¿Qué pasa, Thomas? -le reclama; y ahí estaba de nuevo aquel hombre cruel que conocí el día en que me echaron de mi hogar-. ¿Acaso se te olvida quién soy? Sé que mis padres te tenían mucho aprecio, pero ellos ya no están aquí, así que te recomiendo cambiar tu actitud hacia mí.

-Disculpe, príncipe. Nada me honraría más que dejarlo pasar a mi hogar, pero tengo un paciente con una enfermedad muy contagiosa y lo último que quisiera es que mi príncipe enfermara.

-¿Contagiosa, dijiste? -pregunta preocupado al alejarse de Thomas.

-Sí, mi señor...

-¡Dios! Espero que no me hayas enfermado, Thomas, porque eso puede traer graves consecuencias -le señala en forma de advertencia al volver a su hermoso caballo.

Luego de eso, Thomas entra y respira aliviado.

-¿Todo bien, Thomas? -pregunto algo preocupada; y él me mira.

-Sí, todo bajo control.

No me atrevo a preguntar más, ya que lo último que quisiera es que me tildara de chismosa e impertinente por husmear por la ventana.

-¿Terminaste con la masa? -pregunta de pronto; y yo asiento.

-Sí, ya está lista. Bien, entonces solo faltará té.

-Yo puedo ir por él.

-No, tú no puedes salir.

-¿Fue una orden más de Phillip?

-Sí, pero yo estoy de acuerdo con él.

-Solo será un momento

-No. Ni siquiera conoces el mercado muchachita.

-¿Puedo acompañarte?

-No.

-Por favor, no notarás que estoy contigo, me cubriré con mi capa.

-No.

-Por favor, Thomas. Déjame salir, llevo muchos días encerrada aquí. Estoy acostumbrada, pero tengo muchas ganas de conocer tierras nuevas -señalo entusiasta; y él me mira extrañado.

-Está bien, pero no dirás una sola palabra.

-¡Sí! ¡No te preocupes! Ni una palabra -prometo sumamente feliz; y él sonríe-. ¡Bien! ¡Saldremos de paseo! -exclamo más que contenta.

Luego de alistarnos, salimos de la casa a comprar té y otras cosas más que nos faltaría para la comida de mañana.

-Cúbrete bien; que nadie mire tu rostro, niña.

-Sí, Thomas; no se preocupe.

-Bien -contesta con serenidad y seguimos caminando.

Llegamos a nuestro destino y yo me quedo asombrada con lo que veo. La capucha no me dejaba ver mucho, pero lo poco que veía, era increíble.

"Esto es totalmente diferente al reino de mi... padre", pienso en silencio y siento la tristeza regresar a mí al recordar que fui desterrada de mi hogar.

No iba a negar que estos días con Thomas habían sido buenos; los estaba disfrutando mucho; era libre, así me sentía. Sin embargo, extrañaba palacio, ya que ahí había construido los mejores recuerdos de mi vida junto a mi familia cuando era una niña.

-Hey, niña. Avanza, no te quedes ahí parada.

-Sí, lo siento mucho, Thomas -contesto apenada, al darme cuenta de que me había perdido en mis pensamientos.

Thomas y yo seguimos caminando cuando hay algo que me llama mucho la atención. Camino sin pensar y sin darme cuenta, me había parada frente a un enorme cesto de rosas rojas; estaban frescas, se notaba como si recién hubiesen sido cortadas.

-Preciosas... -susurro y llevo una de mis manos a aquellas para sentirlas.

Luego me arrodillo y me acerco a oler su aroma. 

-Dios... esto es lo mejor que hay en la vida. Una rosa roja fresca y hermosa.

De pronto, siento cómo alguien me empuja y me hace caer al suelo.

-¡Tú! ¿Acaso no sabes lo que has estado haciendo? Sucia pueblerina -insulta; y reconozco ese tono de voz.

"Phillip", pienso en silencio, al tiempo en que veo disimuladamente a través de la capucha de la enorme capa que me había puesto.

"Sí, es él, pero..."

-¿ACASO ERES SORDA? -levanta la voz-. PREGUNTÉ CUÁL ES TU NOMBRE. HABLA AHORA -ordena; y yo solo quiero abofetearlo por ser malo, aunque no tanto, ya que me había ayudado antes.

-Yo...

-Príncipe, por favor, perdone el mal actuar de mi paciente -interrumpe Thomas de pronto.

-Thomas, aléjate de ella.

-Por favor, señor. Le pido piedad.

-¡ALÉJATE! TODOS EN ESTE PUEBLO SABEN QUE ESAS ROSAS NO SE TOCAN PORQUE SON PARA LA REALEZA, NO PARA ALGUIEN DEL PUEBLO; Y MENOS PARA UNA MENDIGA.

-Por favor, príncipe, se lo pido.

-ALÉJATE, THOMAS.

-Señor, por favor -suplica Thomas; y, en ese momento, decido ponerme de pie y enfrentarme a él.

Thomas ve mi intención y se acerca a mí y me toma de los brazos. Phillip también la nota; y eso logra hacerlo enfurecer.

-¿Acaso pretendías enfrentarme? -interroga muy serio e indignado-. QUÍTATE ESO QUE TIENES EN LA CABEZA Y MUESTRA TU CARA, MENDIGA.

-Por favor, señor... -suplica Thomas una vez más, pero de nada sirve.

Dos de los hombres de Phillip lo toman de los brazos y lo alejan de mí. Luego, otros dos se me acercan y me ponen de rodillas y me hacen agachar la cabeza.

Escucho a Phillip bajarse de su caballa y pararse ante mí. Después de unos cuantos segundos, me quita la capucha, aunque yo seguía manteniendo la cabeza inclinada hacia abajo.

De pronto, siento una de sus manos sostener bruscamente mi mentón y levanta mi cabeza con rudeza. Cuando me mira fijamente y se da cuenta de quién soy, su cara de desagrado es más que notable; y sin esperarlo, me abofetea delante de todas las personas. Luego, escupe en mi rostro y termina con otra bofetada más.

Mientras tanto, yo solo escucho la voz de Thomas pidiendo que me dejara tranquila, pero Phillip no le hace caso.

-¿SABES QUIÉN ES ELLA, THOMAS?

-Señor, por favor...

-No es más que una mendiga, una de las prost itutas de Williams Lastier. Y tú estás aquí, con ella, protegiéndola... -sonríe divertido mientras niega con la cabeza-. ¿Sabes lo que significa eso, Thomas? -pregunta al mirarlo fijamente-. ¿Sabes lo que significa ayudar a una prost ituta del reino enemigo? ¿Sabes cómo se le considera a eso? 

-Louis, por favor... -susurró; y no entendía por qué lo había llamado así.

-Traición, amigo mío -recalca muy firme-. Nada más que traición. ¿Y sabes cómo hago pagar esas cosas, Thomas? -pregunta serio-. Poniéndole fin a tu ya muy extendida existencia -agrega; y eso me toma por sorpresa y me llena de ira.

-Basta -intervengo de pronto.

-¿Qué has dicho, prost ituta?

-¡No soy ninguna prost ituta! ¡Y ya basta! ¡No eres más que un estúpido hombre cruel que se cree el más poderoso del mundo solo por ser rey! ¡O príncipe! ¡O lo que sea que eres! ¡No me importa! ¡Tú no lastimarás a Thomas! ¡Si vas a lastimar a alguien, que solo sea yo! 

-¡CÁLLATE! -grita al golpearme sin piedad y colocarme contra una pared, sujetando mi cuello con fuerza con una de sus manos hasta el punto de ir perdiendo la respiración-. ¿Crees que te dejaría libre y que solo pagaría su traición? ¡NO! -grita en mi cara-. ¡AQUÍ LOS DOS PAGARÁN! -sentencia-. Empezando por ti, sucia mendiga ramera -insulta al sacar, con su mano libre, un filudo cuchillo con diamantes incrustados en su mango y lo coloca en mi cuello-. Despídete de este mundo, sucia mendiga.

-¡LOUIS, NO! -grita Thomas; y yo solo cierro los ojos.

De pronto, siento cómo liberan mi cuello y puedo volver a respirar un poco de aire. Me arrodillo y toso muy fuerte, mientras que a mi alrededor solo se escuchaba el ruido de los caballos, los cuales parecían asustados.

Busco con mi mirada a Thomas y veo que ha venido hacia mí.

-Thomas...

-Niña...

-¿Estás bien, Thomas?

-Yo estoy bien. ¿Tú?

-Estoy bien, estoy bien. No te preocupes por mí. Creo que soy algo fuerte.

-Niña... -dice con ternura, al mirarme aún un poco preocupado.

-Tranquilo, Thomas..., pero... qué pasó -cuestiono curiosa; y él solo torna su mirada en otra dirección.

Yo lo sigo y veo algo que me deja completamente absorta; ni siquiera se me había pasado por la cabeza tal posibilidad: habían 2 Phillip.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP