Huir

No había forma de describir cómo me sentía, era demasiada tristeza en el corazón, así que solo permití que mis lágrimas salieras.

De pronto, noto a alguien arrodillarse a mi lado; era Williams. Frente a ello, sin pensarlo, me lanzo hacia él y lo abrazo mientras me permito llorar un poco más.

-Loriel... -susurra; y yo lloro mucho más

-Gracias por venir..., por no abandonarme...

-Loriel, yo... lo siento mucho, pero no estoy aquí para ayudarte. Solo... pude lograr que fuese yo quien te trajera tus recuerdos -señala al entregarme un cofre de madera con ellos.

-Gracias

-Me gustaría hacer más, pero no puedo. Me casaré con Lawrence y...

-No te preocupes, yo entiendo -respondo sincera al mirarlo.

Me seco un poco las lágrimas y sonrío.

-Sé que no puedes ayudarme.

-Gracias por entender.

-¿Vamos a dejar de ser amigos?

-Claro que no, Loriel. Si todo se arregla, vamos a continuar con nuestra amistad.

-¿Crees que mi padre pueda perdonarme?

-No lo sé, pero trataré de ayudarte.

-No sé a dónde iré. Solo conozco las tierras de palacio, sus campos, no aquí afuera. Tengo un poco de miedo, Williams... -confieso; y él me abraza.

De pronto, escuchamos murmullos entre las personas. Todos nos miraban atentos y eso logra que Williams se incomode y se aleje de mí. Lo entendía, después de todo, él era un príncipe. Era atractivo, todo lo que se ponía se le veía bien, inteligente, caballeroso; nadie podría pensar que alguien como él sería el amigo de alguien como yo.

-Lo siento, Loriel. Yo...

Pretendía decir algo más, pero el estruendoso ruido de un caballo nos asusta y hace saltar a un lado del camino.

Aquel hermoso ejemplar estaba siendo montado por un muy extraño hombre de tez clara, cabello oscuro y ojos azules grisáceos, los cuales miro fijamente sin pretenderlo y, cuando aquel se da cuenta y dirige su mirada hacia mí, me siento sumamente culpable. Era una mirada filosa, muy dura, que reflejaba cierta oscuridad...

-Aleja tu mirada de mí, esclava -ordena; y yo bajo la cabeza.

Solo bastaron una dura expresión de su cara y unas cuantas palabras de aquel para sentir el miedo recorrer todo mi cuerpo. 

Después, siento cómo nos rodea a Williams y a mí con su caballo.

-No me digas, Williams, que esta es tu nueva amante -comenta curioso-. De haber sabido que te gustaban las bufones, habría traído algunas de mi reino como presente de bodas -concluye satírico; y escucho cómo todos sus hombre y personas de nuestro reino se ríen de Williams, lo cual me hace sentir mal por él.

Y yo tenía la culpa de eso.

De pronto, se baja de su caballo y se para frente a mí. Por alguna extraña razón, su aroma se me hacía conocido; se parecía mucho a...

-¿Cuál es tu nombre? -pregunta

-Loriel... -respondo nerviosa.

-Loriel... -repite-. No parece nombre de esclava. Y ese vestido lujoso, aunque roto, y esos zapatos caros parecen los de una princesa o una reina, pero evidentemente, no lo eres. Entonces... qué eres.

-Yo

-¿Una ladrona tal vez? 

-Yo no soy una ladrona -respondo molesta de que creyeran que yo le robé el vestido a Lawrence.

-Vaya, Williams... Al fin una amante con agallas -recalca; y todos vuelven a reír.

Eso me molesta, así que como ya no tenía nada que perder, me abalanzo sobre él y lo abofeteo. Estaba tan triste, dolida y molesta que ya no podía soportar una sola cosa más, así que hice lo primero que se me vino a la mente: lo típico de una salvaje (como muchos me tildaban en palacio).

Mi acción provoca que todos se callaran en el acto y miraran la escena aterrorizados (incluido Williams). En cuanto al hombre, este me miraba como si ya hubiese pensado mil maneras de darle fin a mi existencia en este mundo.

-No..., no -tartamudeo-. No vuelvas a insultar a Williams -completo; y él solo me observa fijamente con esa mirada cruel que no logro sostener.

Luego de ello, solo sube a su caballo y nos vuelve a rodear a Williams y a mí. De pronto, se detiene frente a Williams.

-Este reino y el tuyo desearán no haber existido, así como esa mujer -recalca al referirse a mí-. Espero que no te moleste que me haga cargo de ella ahora, ¿verdad? -pregunta; y de repente soy apresada por dos de sus hombres.

-¿Qué hacen? Suéltenme. Ustedes no pueden hacerme nada; no están en su reino. Williams, di algo por favor.

-Sí, Williams, di algo -secunda el cruel hombre al mirar a mi amigo y hombre del que me había enamorado.

-Williams, por favor, ayúdame. Dile a mi... -pienso bien lo que diré- Habla al rey por favor.

-¿Alguna objeción, Williams? -pregunta nuevamente el extranjero; y Williams me mira.

-Williams, ya diles que me suelten por favor. Me están lastimando

-Yo... ella...

-¿Defenderás a una amante, Williams? Incluso frente a tu futura esposa -menciona de pronto; y no me había percatado de la presencia de Lawrence y... de mi padre.

-Yo... Tú... -cierra sus manos en puño-. Tú puedes llevártela -agrega de pronto; y eso me paraliza-. Es una... es una esclava desterrada -concluye; y Lawrence lo mira con orgullo al ponerse a su lado, mientras que mi padre parece no entender lo que estaba pasando.

-¿Qué sucede aquí? -interviene de pronto.

-Solo una visita de rutina -responde el extraño.

-Usted no tiene nada que hacer aquí, Lancaster. Váyase de mi reino.

-Me iré. Ya me divertí..., pero me llevaré a su esclava.

-Lo que hagas con ella no me importa; está desterrada -precisa; y el hombre se muestra curioso ante ello.

Ambos cruzan unas cuantas palabras más y yo aprovecho que los guardias del tal Lancaster se distraen para tomar el cofre de madera que tenía mis recuerdos y salir corriendo del lugar. Ni siquiera me detuve a pensar a dónde iría, solo corría lo más rápido posible mientras que a mis espaldas escuchaba unos gritos fuertes que no sabía de quienes eran.

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