Los siguientes días fueron una pérdida de tiempo. Lo único que pudo hacer fue revisar los otros escritorios de la sala superior antes que llegara Gilda; sin embargo, lo único que encontró fueron pedidos de material o notas sin tanta importancia. En su cabeza sonaban las manecillas de un reloj, contándole el tiempo, diciéndole que debía apresurarse porque su padre no esperaría para toda la vida.
Como un halcón, vigilo varios días a Marcos. Esperando la oportunidad de que se marchara y dejara solo