Mundo ficciónIniciar sesiónHasta que por fin Ethan desvió la vista, terminó de abrir la puerta indicándole a Teo que entrara antes de cerrar de nuevo. Sin objeciones, Teo se sentó en la silla que solía usar la otra parte. Las cejas de Ethan estaban bajas y los dedos de una mano parecían entumecidos como si evitara moverlos; además, cuando fue al otro asiento, sus zapatos se hundían en el suelo por la fuerza aplicada al caminar.







