La enfermera le dejó su teléfono y salió a buscar prestado otro para llevárselo a Abril. Ella le dijo: —señorita, tengo una videollamada para usted, es necesario que la atienda.
—¿De quién se trata?— preguntó Abril frunciendo el ceño, pues no tenía a nadie que la llamara o que estuviese preocupado por ella, pero aun así tomó el teléfono que la enfermera le ofreció.
—Pequeña, ¿cómo te sientes?— preguntó Alejandro. A ambos se les dibujó una sonrisa al ver que el otro está con vida.
—Lamento mucho