Despertar en Venecia era como despertar dentro de un sueño. La luz se filtraba a través de las persianas de madera, dibujando líneas doradas sobre la cama deshecha, sobre los cuerpos enredados de Brany y Andrey, sobre la ropa que había quedado esparcida por el suelo la noche anterior.
Brany abrió los ojos lentamente. Por un momento, no supo dónde estaba. Luego sintió el calor de él a su lado, el ritmo pausado de su respiración, el peso de su brazo sobre su cintura. Y todo regresó. La noche ante