Pasaron tres semanas antes de que Brany volviera a sentir que podía respirar sin que el pecho le ardiera.
Mikhail sobrevivió. Las dos balas que ella había disparado le habían perforado el pulmón izquierdo y roto una costilla, pero ningún órgano vital había sido alcanzado. Yermolov lo mantuvo en un hospital bajo custodia, esposado a la cama, rodeado de guardias que no le quitaban la vista de encima. Hablaba poco, y cuando lo hacía, era para repetir la misma frase: "Hice lo que creía correcto."
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