—Brany —dijo él, con una seriedad que la hizo contener la respiración.
—¿Sí?
—Nunca he sido una persona de palabras. Siempre he usado los hechos, el poder, el control. Pero contigo quiero intentarlo. Quiero decirte lo que siento, aunque sea torpe, aunque no sepa cómo.
—Dímelo —susurró ella.
Andrey respiró hondo, como si estuviera a punto de saltar al vacío. —Te quiero. No como un capricho ni como una posesión. Te quiero como la persona que me enseñó que hay otra forma de vivir. Te quiero co