Esa noche, fui secuestrada.
No literalmente, aunque Andy hizo sonar el claxon frente a mi casa con la emoción de una pirata que ha encontrado un botín, mientras Sol bajaba de su auto con una bolsa de ropa y maquillaje como si fuera Mary Poppins versión influencer.
—¡Cambio de look urgente! —gritó Andy al entrar a mi habitación sin pedir permiso.
—No necesito cambiar mi apariencia —dije, cruzando los brazos.
—Claro que no —respondió Sol—. Pero tus suéteres tienen tanta tristeza acumulada que pod