La chica retrocede un paso, pero no deja de mirarme. No parece ofendida por mi descarada oferta.
—Disculpe, señor. No soy ese tipo de mujer. —Su voz es firme, aunque tensa—. Lamento si lo confundí con mis reacciones… usted me intimida. Pero no es correcto aceptar su propuesta, es un hombre casado.
Miente. Todas fingen inocencia.
Suelto una risita seca. ¿Casado? La maldita debe revolcarse con ese simio, y yo… hace meses que no sé lo que es echarme un polvo.
—Sabes que estoy separado. Ella y yo y