Dos encendedor de auto.
Me va a doler.
—Iván, sostenla —dice el rubio, y mi esposo asiente mientras aparta el tapado, ya empapado, que poco a poco se tiñe de un rojo más oscuro. Mi padre toma el otro.
Intento no gritar cuando ambos acercan el metal al rojo vivo a la herida de entrada y salida, aprieto los dientes hasta que me duele la mandíbula, pero cuando mi padre me gira sin cuidado y cauteriza la de entrada, el dolor me atraviesa como un relámpago y no puedo evitar que las lágrimas se me esc