—No diré nada, solo quiero tomar a Aiden y volver a casa. En unas horas veré a mi padre y quiero estar lista para acompañarlo a su nueva residencia.
El ruso se ríe, una risa baja, casi incrédula, mientras me acompaña hasta la puerta.
—Tu padre no irá a ningún lado, exigió a punta de pistola que lo traigan a casa. —Acomoda un mechón detrás de mi oreja; parece que no puede evitar hacerlo, como si ese gesto ya se le hubiera quedado grabado en las manos—. Dijo que si no estaba bajo el mismo techo q