Malakai irrumpió en la cabaña de Nero, que era la más cercana a ellos, con Natalie desvanecida entre sus brazos, y el pulso martilleándole en las sienes como un tambor de guerra, incluso en esa cabaña, el aire en el interior era denso, con notas de humo y ceniza, Malakai estaba tan alterado que cada sombra parecía acecharlo desde los rincones, aun así no se detuvo y atravesó la puerta con un empujón, la madera crujió bajo su peso, y depositó a Natalie con un cuidado desesperado sobre la cama.
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