Natalie siguió con la mirada la salida de Malakai hasta que escucho la puerta cerrarse, dejando un vacío que parecía amplificar la tensión en el aire.
Una vez solos, Magnus se volvió hacia Natalie.
— ¿Qué pasa, pulga? — insistió el mayor, con la voz ahora más gentil que lo de costumbre, pero cargada de expectación, y Natalie suspiró profundamente, como si el peso de sus recuerdos se materializara en ese instante.
— Cuando me casé con Nelson, estaba muy sola... me sentía sola, siempre fue así de