Malakai se quedó allí, inmóvil, como una estatua que desafía el viento, hasta que Magnus, se percató de que el hombre no tenía intención de moverse.
—Puedes regresar a tus labores, Malakai. —dijo Magnus al fin, con un tono firme pero no agresivo, aun creyendo que la atención y preocupación que demostraba el rostro de su mano derecha era precisamente eso, lo que se esperaba de un Alpha que de momento cumplía con la función de un beta, por lo menos hasta que Natalie estuviera lista para asumir en